Me tuve que levantar muy pronto para estar en el aeropuerto a las 5H30. El día amaneció con mucha niebla y sin visibilidad. Pero la niebla es local y va una avioneta en reconocimiento para ver si las cumbres se ven. Todos los vuelos se fueron retrasando y había mucho suspense porque nadie decía nada. Finalmente la primera avioneta con turistas salió sobre las 8h, pero la mía fue de las últimas en salir: ya eran más de las 9h.
Pero la espera mereció la pena. El paisaje con la cordillera emergiendo del mar de nubes fue espectacular. Las fotos que hice no son muy buenas porque las ventanillas siempre impregnan de un velo grisáceo las tomas y además me tocó cerca de la hélice. Por suerte nos dejaban ir a la cabina de mando unos minutos por turno y verlo todo mejor.
Esta es la avioneta para 16 personas, piloto, copilota (si, si, una mujer) y azafata.
La cabina de mando
La famosa hélice que me tocó
Este es el Everest, al fondo.
¡Qué puedo decir ante estas imágenes!
Y eso que las fotos no hacen justicia al espectáculo que se ve allí.
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