Hoy estaba previsto que el tiempo mejorara y así fue. Amaneció soleado y nos fuimos pronto, con Marcelino y Pepi, hacia el interior del país donde está el parque Nacional de las Blue Mountains.
Llegamos, tras dos horas de camino por carreteras rodeadas de árboles por todas partes, a una especie de balconada inmensa, un mirador, desde el que se podía admirar la amplitud del valle junto con una cascada que tenía mucho caudal debido a todas las lluvias caídas. Bajamos por un caminito a otro mirador desde el que se apreciaba mejor la cascada, pero había trozos casi impracticables, completamente encharcados. La vista merecía la pena. Desde allí salen caminos que se pierden en los bosques de eucaliptos y que son para hacer si estás muy entrenado ya que tardas en 6 y 8 horas en hacer los recorridos propuestos con cierto nivel de dificultad.
Después nos acercamos a Katoomba, un pueblo en medio de las montañas azules, desde el que se tiene una vista privilegiada de los acantilados cercanos que se llaman las tres hermanas. Las vistas son realmente espectaculares y se veía a lo lejos unos teleféricos, uno de los cuales atravesaba un barranco y el otro descendía directamente al interior del valle entre los árboles.
En el pueblo vimos también algún aborigen con su cuerpo pintado y un instrumento hecho con un tronco de madera vaciado por el que soplan, pero que es tan grande que lo tienen que apoyar en el suelo.
Estuvimos paseando por el pueblo y ya se empezó a estropear la tarde. Menos mal que pudimos ver todo lo que nos habíamos propuesto. He quedado realmente impresionada de estos espacios tan grandes, tan abiertos, tan frondosos, con unos tonos de verde realmente variados. Aquí la naturaleza parece realmente salvaje.
Volvimos a casa de Mari Carmen que había pasado la tarde con su hija.
Un beso a todos
Rosa
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