miércoles, 29 de febrero de 2012

Martes 28 de Febrero de 2012: El gran salto en Paihia


Martes 28 de febrero de 2012: un día para recordar



¡Hola a todos!

¡Lo he hecho! Al final me he decidido, y he dado el salto. Si, literalmente. He saltado en paracaídas. Ha sido genial. Me ha tocado con un chico jóven muy majo (porque no voy sola, por supuesto). El día amaneció espléndido y lo primero que hice fue la colada y después, pensando que era uno de mis últimos días en Nueva Zelanda (quitando Auckland) y que no tenía nada previsto, me decidí y fui a preguntar. Salía un vuelo con otro chico de Malasia al cuarto de hora y podía unirme. No me lo pensé mucho. Era mi oportunidad. El chico de unos 30 años parecía un poco nervioso, pero yo no. Como es algo que siempre he deseado hacer pero nunca imaginé que se cumpliría me apatecía mucho. Vas descalzo y sin nada que moleste. Te llevan a un aeropuerto pequeñito a un cuarto de hora del lugar. Luego subes a una avioneta que no parece que pueda volar, pero al final si que puede. Antes de subir te ponen unos arneses por las piernas y los brazos. En la avioneta no hay nada, ni siquiera asientos. Está el piloto (muy jóven) y los 4 que vamos a volar: El chico malasio y yo y los dos chicos que saben saltar en paracaídas y nos llevan sujetos. El otro chico ha pedido fotos y vídeos de recuerdo y su saltador lleva acoplado unas mini cámaras en la muñeca para ir grabando y fotografiando. Yo no he querido pagar unos 70 euros de más por las fotos, que ya me parece bastante 200 euros. Pero Eujin, que así se llama el chico malasio ha insistido para que yo salga también en las fotos y alomejor me manda alguna. Él vino acompañado de una tía suya que vive en Auckland, pero que tiene miedo a las alturas y no se ha atrevido. Me miraba con admiración y se maravillaba de que viajara sola. Bueno, volvamos al grano. Empezamos a subir y subir dando vueltas y buscando los claros porque se estaba nublando bastante (para variar). Pero el paisaje de la costa recortada y el mar a veces verde y otras azul es precioso. Subimos a unos 4000 metros de altitud y llegó el momento más excitante. Yo estaba sentada entre las piernas de mi acompañante en el suelo de la avioneta, de espaldas al piloto, sin sitio para movernos(ha sido la primera vez que he despegado mirando hacia atrás). Con su mano abrió la puerta de la avioneta que con el viento se levantó de golpe. Luego él apoyó su pierna izquierda en una especie de escalón plataforma, yo puse mis dos piernas al lado, y él puso su pierna derecha para finalizar. Nos aupamos un poco para sacar el culo de la avioneta y sin pensarlo más, saltamos al vacío. ¡Wuau! Lo primero son 30 o 40 segundos de caída libre y hay que poner las piernas hacia atrás, pero lo ves todo bien y te enteras.(Te ponen unas gafas de plástico para ver mejor). El paisaje es ideal. Al cabo de un rato tira de la anilla y se abre el paracaídas y entonces es como si te pararas en medio del cielo, flotando. ¡Genial! Y luego es como si volaras. Te vas deslizando poco a poco y vas dando vueltas (eso lo hace el que dirige el paracaídas). Puedes ver el paisaje y además el aterrizaje es en la playa, asi que ves también el mar en todo momento. Cuando ya vamos a aterrizar tengo que levantar las piernas para que ponga él las suyas primero y luego yo y ha sido super fácil y muy suave. Dan, que así se llama mi acompañante, es todo un experto y me ha hecho sentir muy segura. Me lo he pasado muy bien y estaría dispuesta a repetirlo si no fuera tan caro. Espero tener la oportunidad. El descenso en paracaídas debe de haber durado entre 5 y 10 minutos, no sé seguro, pero se me ha hecho muy corto.

Ahora tengo que recoger todo porque mañana me voy a Auckland.

Besos a todos

Rosa


No hay comentarios:

Publicar un comentario