domingo, 19 de febrero de 2012

Sábado 18 de Febrero de 2012: Excursión a Abel Tasman


Hoy tenía la excursión contratada de antes para las 7h de la mañana. Un autobús me vino a recoger y nos llevo, a una pareja de brasileños y a mi, al puerto donde tuvimos que esperar a que fuera a buscar a más gente, y no hacía precisamente calor, aunque el día amaneció soleado. A las 8h ya subimos al barco y estuvimos navegando una hora hasta llegar al Parque Nacional Abel Tasman. Allí bajamos a la playa con una pasarela que sale del barco, se despliega y se posa sobre la arena para que no nos mojemos. Subimos a otro barco más grande que nos llevó hasta el extremo norte del parque haciendo paradas en 3 o 4 sitios para que la gente, según su opción elegida, pudiera bajar y hacer su recorrido andando por el parque. Los hay de todos los colores: de algunas horas, de un día completo y de varios días. Vimos también alguna foca y pájaros, y algunas formaciones rocosas que destacaban.

Luego nos bajamos y empecé con el recorrido. El sendero iba entre árboles y helechos y se estaba estupendamente, amenizado por el ruido de las chicharras (bueno, no sé exactamente lo que son porque son negras como las cucarrachas y hacen un ruido estridente y otro como de maderas que se chocan que supongo que harán con sus caparazones). He hecho fotos y he grabado el ruido por si alguién quiere escuchar y ver. A veces era un poco duro con cuestas bastante empinadas, pero el premio era una vista espectacular sobre alguna bahía, con unos colores como en las postales de esas playas paradisiacas. Y hoy si que hacía calor para bañarse y el agua estaba estupenda. Lo sé porque al final del recorrido tuvimos que cruzar una playa y metimos los pies en el agua para acortar.

Otro de los puntos fuertes del recorrido era un puente colgante sobre un río que era muy emocionante porque se movía mucho y daba yuyu pasar. No apto para los que sufren de vértigo. Pero yo me lo pasé de miedo.

Luego vino el barco a recogernos a la hora convenida y otra vez a navegar, cambiar de barco y seguir navegando. Como el día estaba soleado estuvo bien.

Unaz vez en el hotel, me duché rápidamente y salí a pasear por el pueblo porque al día siguiente tengo que irme pronto. Estuve en unos jardines muy bonitos pero me fui pronto porque los mosquitos empezaban a atacar y aunque me había puesto loción no es segura la protección.

En el centro de nuevo me puse a buscar un restaurante para cenar ya que solo había comido un bocadillo durante la marcha y algo de fruta. Cuando estaba esperando para encargar, aparecieron la pareja brasileña y se sentaron conmigo a cenar. Fue muy agradable. Estuve hablando español con ellos porque los dos sabían. ¡Qué suerte! Pero de Españoles, nada de nada. Están muy escasos o se esconden debajo de las piedras.

Nada más

Besos a todos.

Rosa


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